CIENCIA FICCIÓN
SCIENCE FICTION

jueves, 21 de mayo de 2015

Un Tranvía en la Casa del Mono

"Un Tranvía Llamado Deseo" (1947) de Tennessee Williams es un referente obligado del teatro norteamericano. Recordar a un Marlon Brando joven y vigoroso, muchos años antes de "El Padrino" o "Apocalipse Now", es verlo en la imagen en blanco y negro de Stanley Kowalski en la versión fílmica de 1951, tal vez el personaje más representativo de la obra. Aunque Brando no recibió ese año el Oscar a mejor actor, sus coestrellas, Vivien Leigh (Blanche DuBois) y Kim Hunter (Stella Kowalski) sí alcanzaron el preciado galardón. Pero es la actuación de Brando la que ha quedado marcada en la memoria colectiva.

Muchas deben haber sido las puestas en escena y adaptaciones de "Un Tranvía Llamado Deseo" pero muy pocas las que yo he tenido la oportunidad de conocer. La más conocida recientemente tal vez sea "Blue Jasmine" (2013) de Woody Allen, que le mereció el Oscar a mejor actriz a Cate Blanchett por su interpretación de una Blanche DuBois contemporánea.

Para el mes* que viene espero poderme sentar frente a la pantalla gigante a ver la interpretación que ha hecho Gillian Anderson (Sí, la agente Scully en Archivos X) de ese mismo personaje para el montaje del Young Vic Theater de Londres, gracias a los buenos oficios de Cinecolombia. Por el momento tengo un abrebocas con el corto "The Departure" (2015) dirigido por ella misma como una precuela de la obra.

Pero hoy no es por los Archivos X que este blog de ciencia ficción se ocupa de "Un Tranvía Llamado Deseo". Aunque no puedo dejar de comentar que a Ms. Anderson, a sus 46 años, la edad le ha sentado mucho mejor que a David Duchovny.

Hace ya bastantes años mi puerta de entrada a "Un Tranvía Llamado Deseo" fue a través del montaje que realizaba una pequeña compañía de teatro de un pueblo pequeño de los Estados Unidos en la película "Who Am I This Time" (1982, traducida en España como "Cambio de Identidad") donde un muy joven Christopher Walken interpreta a Harry Nash, un depentiente de una tienda absolutamente tímido y asocial que, sin embargo, se transforma en escena en un Stanley Kowalski que nada le tiene que envidiar a Brando. Allí se conoce con el personaje de Susan Sarandon, Helene Walsh, una telefonista, también tímida y reprimida, que encuentra su válvula de escape en la interpretación de Stella al lado de Harry. Helene por supuesto se enamora de Harry, pero cuando cae el telón desaparecen toda la testosterona, bravuconería y sensualidad de Stanley Kowalski y Harry Nash prácticamente se hace invisible. Helene logra vencer su predicamento cuando le regala a Harry al final de la última un libro de "Romeo y Julieta" y lo convence de leer con ella algunas de las líneas. Harry se convierte en el adolescente enamorado de Verona y así comienza una relación feliz de la mano de todos los romances que han sido escritos para teatro.

Hoy comencé a leerme "Welcome to the Monkey House" (1968) la colección de cuentos de Kurt Vonnegut Jr. traducida al castellano como "Bienvenidos a la Casa del Mono" y cuál no sería mi sorpresa cuando allí, justo después de la distopía igualitaria de "Harrison Bergeron", me encuentro de nuevo con la historia de amor de Harry Nash y Helene Walsh. Sí, "Who Am I This Time" (1961) es un relato de Kurt Vonnegut Jr. Y qué bien escrito que está.

Definitivamente ese Kurt Vonnegut Jr., el mismo de "Matadero Cinco" y "Las Sirenas de Titán" es todo un maestro.

* Editado el 22 de mayo para corregir la fecha de la presentación en Cinecolombia, es el 25 y 28 de junio (Gracias, Verónica).


martes, 5 de mayo de 2015

El Caso Valdemar y Otras Pesadillas

Edgar Allan Poe por Lola F. Sioux
Hace una buena cantidad de meses, que ya se acumulan en años, que no actualizo este blog. Pero una amable solicitud me saca de mi ostracismo.

José Luis Bueno Piña es un escritor y guionista que lidera la iniciativa de llevar al cómic cuatro obras clásicas de la literatura que gravitan alrededor de lo oscuro y terrorífico.

Edgar Allan Poe está representado en "La Verdad sobre el Caso del Señor Valdemar" (1845), donde un hombre es suspendido en el momento de su muerte en un estado hipnótico que lo mantiene incorrupto por meses, además de incómodamente consciente.

De Jack London han seleccionado "Un Millar de Muertes" (1899), en la que un hombre es asesinado y resucitado una y otra vez para satisfacer la curiosidad de uno de los primeros científicos locos de la literatura.

También está Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta romántico sevillano, con su "El Monte de las Ánimas" (1862), donde los coqueteos de una joven enfrentan a su enamorado a un ejército de fantasmas beligerantes.

Finalmente, está un, para mí desconocido, Hanns Heinz Ewers, autor de "La Araña" (1908), en el que una misteriosa mujer llamada Clarimonde parece estar relacionada con una serie de suicidios.

Cuatro historias distintas, ilustradas por cinco artistas distintos (contando la portada) es el proyecto que propone José Luis en la ya conocida modalidad de crowdfunding. Detalles en su link.

¿Quieres ser parte de este proyecto? Apúrate, pues al momento de publicación de este artículo sólo quedan 18 días para recaudar los 5000 Euros adicionales que requieren.

La Verdad sobre el Caso del Señor Valdemar (Ilustrado por Guillermo Arias-Camisón)

Un Millar de Muertes (Ilustrado por Jessica Mars)

El Monte de las Ánimas (Ilustrado por Ninona)

La Araña (Ilustrado por Miguel Ángel Rodríguez Touceiro)





domingo, 14 de abril de 2013

Cerbo un Vitra ujo

Mary Robinette Kowal es una escritora que transita con destreza tanto en la Fantasía como en la Ciencia Ficción.

A principios de este mes descubrí un cuento suyo llamado "Cerbo un Vitra ujo", un relato marcado con las advertencias "Para mayores de 17", "Erótica", "NO PARA NIÑOS". Las advertencias vienen al caso, no tanto porque haya sexo (más en el terreno de la violación que en el de una relación consensual) sino porque es una historia de terror no recomendable para lectores impresionables.

Lo que me sorprendió profundamente y me llevo a hacer esta corta reseña es un terrible caso de evolución convergente, como eso que cuentan los científicos que sucedió con el ojo, que fue producido por la evolución en diferentes momentos y en distintas ramas evolutivas, pero llegando a una estructura tan parecida en Pulpos y vertebrados que pareciera increible que no tuvieran un origen común.

El caso es que "Cerbo un Vitra ujo", un relato inicialmente publicado en 2006 ocurre casi que en el mismo universo de mi primer relato publicado (2010), tanto es así que mi muy querida "Nuestra Señora de los Donores" podría ser considerada como Fan Fiction por algún lector desprevenido. Nunca he dicho que la idea para el valle de los donores se me ocurrió del aire, tengo una clara inspiración en "Never Let Me Go" de Katzuo Ishiguro y en "La Virgen de los Sicarios" de Fernando González, pero las coincidencias con "Cerbo un Vitra ujo" son asombrosas a falta de otro calificativo.

Juzguen ustedes mismos. Lean ambos relatos y me comentan su impresión al respecto: "Cerbo un Vitra ujo" puede leerse y escucharse en EscapePod y "Nuestra Señora de los Donores" en la revista Axxón o en este mismo blog, donde la publiqué por partes.

Para los lectores curiosos, hice la averiguación con el gran oráculo... con Google. "Cerbo un Vitra ujo" es Esperanto y significa algo así como "Cerebro sin Envase de Vidrio". Así que en lugar de Ex-Votos tenemos un caso de Ex-Vitro.



viernes, 20 de julio de 2012

Todo el Verano en un Día

El 5 de junio de 2012 murió el escritor Ray Bradbury a los 91 años de edad, después de una larga enfermedad. Ese mismo día, pasadas las cinco de la tarde, yo trataba torpemente de observar un fenómeno astronómico que no se repetiría en más de cien años: el tránsito de Venus directamente entre el sol y la tierra.

Un par de días después, Dixon Acosta nos compartió su artículo "El Eclipse Bradbury",  en el que hizo la conexión entre los dos eventos. "Ahora sé que lo visto el 5 de junio de 2012 no era Venus atravesando el telón del Sol," comenta Dixon, "era Ray Bradbury convertido en punto, un trovador del futuro en tránsito a la eternidad."

Recordé entonces que el autor de "Crónicas Marcianas" también había escrito un cuento sobre Venus que tiene mucho que ver con lo espaciados que son los tránsitos de este planeta frente al sol. En la imaginación de Bradbury, Venus es un planeta cubierto de una jungla tropical espesa donde llueve continuamente y el cielo siempre permanece nublado. La vegetación es gris y descolorida porque nunca se expone a los rayos del sol. Bueno, a veces sale el sol. Pero esto es un fenómeno excepcional que sucede una vez cada siete años y dura apenas una hora.

"Todo el Verano en un día", publicado en 1954, es la historia de Margot, una niña de la tierra que a los cuatro años de edad llegó con sus papás a vivir en Venus. Margot es una niña triste y retraída, no juega con los otros niños, no canta sus canciones, lo único que la alegra es el recuerdo del sol. Por ser tan introvertida, no es muy popular entre sus compañeros. Ellos la envidian porque no saben cómo es el sol, ellos nacieron en ese lugar nublado y lluvioso y estaban muy pequeñitos la última vez que se pudo ver.

Margot tiene nueve años de edad cuando llega por fin el día, según el cálculo de los científicos, en que se despejará el cielo y podrán ver el sol. Pero los compañeritos de Margot le juegan una mala pasada y la encierran en un closet justo antes de que la profesora venga a llevarlos afuera.

"¿Listos, niños?" dice ella mirando el reloj.

"¡Sí!" dicen todos.

"¿Estamos todos?"

"¡Sí!"

Por fin cesa la lluvia y el sol brilla en un cielo azul sin nubes. Los niños corren, se quitan las chaquetas y sienten el calor en sus brazos y en sus mejillas. Saltan, se empujan, caen y se ríen. Hasta que cae la primera gota de lluvia y todos regresan al refugio subterráneo. Afuera ya está oscuro de nuevo y los truenos compiten con el ruido del eterno aguacero.

Y sólo entonces se acuerdan de Margot, que todavía está encerrada en el closet.

Siete años.


Ciento cinco años.

La fotografía fue tomada al tránsito de Venus en 1882. Pero no es de la última vez que sucedió antes del pasado cinco de junio. Por la relación entre las órbitas de Venus y la Tierra, cada ciento y tantos años se da el eclipse en dos ocasiones espaciadas entre sí por ocho años. De manera que la última vez había sido en 2004, pero yo no recuerdo que al asunto se le hubiera dado tanta mención en los medios como sucedió este año.

La próxima vez será en el año 2117, y luego en 2125. En cualquier caso, es bien poco probable que yo esté todavía por ahí para verlo. Así que mi última oportunidad fue el cinco de junio de 2012.

La semana había sido particularmente soleada, cielo despejado y nada de lluvia. Un mes antes había bajado la aplicación de la NASA que predecía con exactitud de segundos el inicio del fenómeno en la latitud y longitud en la que me encontrara.

Confieso, sin embargo, que no le invertí mayor cosa a la preparación, no me conseguí el vidrio de soldadura ni cosa por el estilo. Mi mecanismo fue lo más simple posible: una hoja de papel perforada por la punta de un lapicero a falta de un alfiler. De esa manera, en la sombra proyectada en la pared puede verse el círculo perfecto del sol o una media luna cuando se trata de un eclipse de los normales.

El lugar donde yo me encontraba tiene amplios ventanales hacia el poniente, sin edificios que tapen la vista del horizonte, así que sería un lugar privilegiado para observar el puntito oscuro dentro de la bolita de luz. Pero casi a las cinco comenzaron a aparecer las nubes, justo en el occidente, difuminando la imagen del sol, como diciéndome "acá está pero no puedes verlo".

Y así estuvo, nublado, casi hasta la puesta del sol. De repente, se despejaron las nubes lo suficiente para dejar ver el sol. Saqué mi hojita perforada y busqué una pared donde proyectar la sombra.

Pero no contaba con que ese sitio tenía cortinas automáticas. ¡Claro! Era un establecimiento comercial y la luz directa del poniente fastidiaba a la clientela. Las cortinas bajaron y yo me quedé ahí, con una hojita blanca al lado de una pared.

Si alguien se dio cuenta, pensarían que estaba loco.




sábado, 23 de abril de 2011

Un Desacierto en los Óscares

Cuando se desvaneció la última fotografía en blanco y negro y la voz de Celine Dion se calló, yo quedé con un vació. Un injusto olvido había dejado fuera de la lista de homenajeados de este año a un creador que mucho tenía que ver, al menos indirectamente, con esta octogésimo tercera versión de los premios de la Academia.

Me refiero a Satoshi Kon, director de cine y realizador de algunas de las más originales películas de dibujos animados del cine japonés.

Lo primero que conocí de Satoshi Kon fue su participación como guionista en un corto llamado “La Rosa Magnética”, 1995, una parte de la trilogía “Memorias” que vi una noche en la época en que Cinemax todavía pasaba buen cine. En ese entonces yo no tenía la menor idea de quién era Satoshi Kon y lo único que había visto de animación japonesa era “El Viaje de Chihiro” de Hayao Miyasaki. En “La Rosa Magnética”, astronautas chatarreros encuentran una estación espacial abandonada, rodeada de los restos de multitud de naves espaciales. La estación espacial está habitada por el fantasma de una cantante de ópera llamada Eva, que se dedica a seducir a incautos viajeros espaciales. Es imposible no ver a Eva sin evocar a la Lady 3Jane del “Neuromante” de William Gibson.

Acá se puede ver el trailer de “Memorias”.



“Perfect Blue”, 1997, es el primer largometraje animado de Satoshi Kon. Un thriller sicológico que cuenta la historia de Mima Kirigoe, cantante principal del grupo pop “CHAM!”, que decide dejar la música para dedicarse a la actuación. Cómo se iba a imaginar Mima que su decisión la iba a despeñar por un abismo donde la realidad y la ficción se confunden peligrosamente y su imagen en el espejo puede llegar a convertirse en su peor enemiga. Esta película es un claro ejemplo del estilo oscuro y retorcido de Satoshi Kon, que para algunos encarna la versión cinematográfica del Slipstream.

Darren Aronofsky, director conocido por “Réquiem por un Sueño”, y este año por “El Cisne Negro”, compró los derechos de la película en Estados Unidos. De una fuente experta (Jaime Valero en Zonafandon) me entero que el objetivo era filmar la escena del baño con Jennifer Connolly en “Réquiem por un Sueño”, pero a mi juicio la relación de Aronofsky con esta película no se limitó a esto. “El Cisne Negro”, que le valió a Natalie Portman el Oscar a mejor actriz y a Aronofsky la nominación como mejor director y también por la mejor película en este año, tiene muchísimos elementos en común con “Perfect Blue”, esa manera como nosotros los espectadores resultamos tan confundidos como la protagonista por el límite impreciso entre lo que es real y lo que es imaginado, la disociación de la personalidad, la paleta de colores, y el ambiente agobiante... me atrevería incluso a decir que algunas de las escenas son prácticamente idénticas toma por toma.

No digo que “El Cisne Negro” sea una imitación o un plagio. Se trata de un sincero homenaje de un artista a la obra de uno de sus colegas. Aronofsky juega y recombina los ingredientes de “Perfect Blue” con otros muchos de su propia cosecha para lograr una creación original que comparte con su inspiración la misma fuerza emotiva y brutal impacto sicológico.

Imágenes de “Perfect Blue” pueden verse acá:



Pero la obra más conocida de Satoshi Kon es “Paprika”, 2006, sobre una siquiatra que usa una tecnología que le permite al terapista introducirse en los sueños de otras personas. Algunos opinan que Christopher Nolan se inspiró en “Paprika” para su película “El Origen” (“Inception”, 2010), nominada a ocho premios de la Academia y ganadora de cuatro de ellos.

Actualmente está en producción una versión de “Paprika” con actores reales, bajo la dirección de Wolfgang Petersen, el director de “La Historia Interminable” y “Enemigo Mío”. Acá pueden ver un trailer de “Paprika”:



Otras de sus creaciones son “Millennium Actress”, 2001, un documental onírico sobre la vida y obra de una famosa actriz japonesa, que recorre varios siglos de la historia del Japón; “The Tokyo Godfathers”, 2003, su única película de corte no fantástico; y la serie animada “Paranoia Agent”, 2004.

Trailer de “Millennium Actress”



Trailer de “Tokyo Godfathers”



Trailer de “Paranoia Agent”



Satoshi Kon murió el 24 de agosto de 2010, sin haber cumplido todavía los 47 años de edad y dejando inconclusa su última película, “La Máquina de los Sueños”, una historia cuyos protagonistas son todos robots. En mayo le habían diagnosticado cáncer del páncreas y pronosticado un máximo de seis meses de vida, seis meses que no alcanzaron a cumplirse. Poco antes de su muerte, Kon dejó un mensaje de despedida en su blog. No tengo la menor idea de japonés, pero gracias a la Wikipedia, pude encontrar una traducción al inglés que me llevó a una versión en castellano. Realmente vale la pena leerla.

Fue su decisión no hacer pública su enfermedad. Por este motivo, la noticia de su muerte fue una enorme sorpresa para su público y seguidores. Murió según su deseo en su propia casa, en compañía de su esposa, después de haberse despedido de sus padres y de sus más cercanos amigos.

Como si hubiera un fantasma conmigo en esta habitación, un ligero estremecimiento me hace mirar por encima del hombro. Este próximo junio cumplo los 46 años de edad y, a decir verdad, todavía no he hecho ni el uno por ciento de lo que vine a hacer a este mundo. Cruzo los dedos por una parca más generosa que la que le tocó a Satoshi Kon.

miércoles, 6 de abril de 2011

De la Lluvia, el Rio y Otros Nombres del Agua

Hala es una estudiante de tercer años de ingeniería. Un día, llegando tarde a una de sus clases de matemáticas, recibe una extraña llamada en su celular. Es un número desconocido y nadie habla del otro lado de la línea. Solo se escucha un sonido, como el que hace la concha vacía de un caracol cuando uno la acerca al oído.

Hala se olvida por un momento de su clase de matemáticas, de las variables complejas y de los exámenes finales. Afuera llueve. Por alguna mágica razón, Hala sabe que lo que escucha en su celular es el sonido del agua, las olas quebrando en una playa, tal vez un océano. Nadie le habla, nadie respira en el teléfono porque es el agua misma la que la ha llamado.

A Hala se le ocurre que si llama al agua por su nombre verdadero, esta le dirá algo más que este leve rumor. "Océano Pacífico", dice ella, comenzando su intento de solución al acertijo...

Este es el comienzo de "Los Nombres del Agua", un cuento de Kij Johnson incluido en la colección "The Best Science Fiction and Fantasy of the Year, Volume Five", editado por Jonathan Strahan.

También tengo entendido que "Los Nombres del Agua" es uno de los cuentos incluidos en la antología de Kij Johnson, "Chicas Míticas", que Proyecto Líquido lanzará este viernes, 8 de abril, a las 8 de la noche en el Orquideorama, cuatro años después de su debut editorial con "Agua/Cero".

Sí, Kij Johnson ya está en Medellín y va a estar en el lanzamiento de su libro como parte de su participación en Fractal'11. Hernán Ortiz y Viviana Trujillo lo han logrado una vez más.

Mientras tanto, en el Museo de Antioquia, el artista antioqueño Luis Fernando Peláez tiene una exposición con uno de los nombres del agua: "El Río". Él es uno de los artistas contemporáneos más importantes de nuestro país, en 1980 compartió con Doris Salcedo el primer puesto en el Salón Nacional de Artistas.

"El Río" es un par de grandes instalaciones que ocupan completamente las dos salas temporales del museo y varias obras de menor formato. Enormes canoas talladas artesanalmente en troncos de árboles ocupan el espacio como si hubieran encallado tras la inundación que trajo La Niña el año pasado a tantos municipios de Colombia.

Están anegadas. El agua, paradójicamente, no está fuera de ellas sino en su interior, y aquí y allá, uno que otro sobreviviente de la tragedia espera paciente a que bajen las aguas: un perro, una vaca, una casa o los restos de una casa.
“De vidrio y niebla era el recuerdo de la casa. El rastro de sus calles blancas se mezclaba con las herrumbres y todo era tiempo sumergido en la morada. Al sur.
Allí penetraban las aguas y todo parecía volverse humedad, los tonos oscuros anunciaron la noche en que disueltos los azules, apareció una luz macilenta sobre los techos que luego dejaron caer sus despojos color malva. La casa se disolvía como el último y frágil trozo de la infancia para volverse un objeto a la deriva, sin peso, sin sombra. Eran las lluvias de mis trece años; de aquellos días, de aquel puerto, regresan estas líneas fugaces...”.
Luis Fernando Peláez

Otras instalaciones, de pequeño formato, muestran diminutos personajes enfrentados a enormes paisajes desolados, el océano, la niebla, un cielo negro y nublado antes de la tormenta.

El agua en sus múltiples estados (lluvia, río, niebla, mar) ha ejercido una fascinación permanente sobre Luis Fernando Peláez. Él ya había tenido una exposición individual en el mismo museo en 1996, cuando este todavía estaba ubicado en la antigua sede, que hoy es la casa del encuentro. En esa ocasión la muestra también tuvo uno de los nombres del agua: "Lluvia".

Pero el agua como referente no es para Peláez un fin en sí mismo, sino una metáfora para hablar de la historia y del paso del tiempo. "Por un lado está el tiempo natural, que es el de la lluvia, el que comporta el agua, el que está presente en los ciclos de la naturaleza. A partir de ese tiempo natural sucede, aparece o se deriva el tiempo histórico. Pero más allá de ese aspecto histórico está el de la evocación, que sucede a través y para el espectador, y es allí donde el observador interpreta o completa su propia versión".

Porque el agua, y así mismo el tiempo, es evocación. Son las memorias que estas imágenes despiertan en cada uno de los espectadores. Memorias personales, íntimas, únicas. Como la evocación de los nombres del agua que Hana intenta en el cuento de Kij Johnson, memorias de un pasado frágil que ya no existe, o tal vez de un futuro que está aún por venir.

***

lunes, 28 de marzo de 2011

Un Acierto en los Óscares

El pasado 27 de febrero fue la ceremonia de los premios de la Academía, versión ochenta y tres. Mi momento favorito de la noche fue cuando anunciaron el premio al mejor corto animado, "La Cosa Perdida", del artista australiano Shaun Tan.

"La Cosa Perdida" es una historia sencilla. Un hombre joven se encuentra un día en la playa una cosa perdida. Una cosa enorme, como una gigantesca cafetera roja, con mecanismos y puertecitas, con tentáculos y un par de brazos como de mantis religiosa, con campanitas en los extremos. Sin embargo, nadie más parece enterarse de su existencia. Pese a su extraño aspecto, La cosa perdida tiene la personalidad de un perrito, juguetona y curiosa, y se gana la simpatía del muchacho, quien se pone en la tarea de buscarle su lugar en el mundo. Bueno, pueden verla completa acá (mientras no la retiren por derechos de autor):


Cortometraje "La Cosa Perdida", 2010.



Es un cuento con unos cuantos seres extraños y maravillosos que viven en los intersticios de una ciudad gris y cuadriculada, llena de chimeneas botando humo, enormes edificios sin ventanas y tuberías oxidadas por todos lados. Es un mundo extremadamente burocratizado donde todo tiene un sitio (excepto las cosas perdidas).

Si el video completo ya no está disponible, acá pueden ver el trailer.





Shaun Tan lleva a la pantalla su libro ilustrado con una fidelidad asombrosa. Aunque utiliza CGI y modelación 3D, todas las texturas son originalmente meticulosamente dibujadas a lápiz, pintadas por él en óleo o acrílico, o fabricadas mediante collage de gráficos de máquinas y tablas técnicas, con lo que logra el ambiente futurista sombrío de una ciudad distópica al estilo de 1984, donde resaltan por contraste los vivos colores de las anómalas cosas perdidas. Así, Shaun Tan logra lo que Pepe García Oliva describió en Rincón Literario como personajes de El Bosco en espacios concebidos por Edward Tufte o alguna pintura de Hopper. A mi parecer hay mucho más de Hopper que de Tufte en esos espacios.

Shaun Tan fue director, escritor, diseñador y artista en este proyecto que contó con un equipo de entusiastas colaboradores, como Andrew Ruhemann, codirector; Tim Minchin, locutor; Tom Bryant y Leo Baker, animadores; y Michael Yezerski, compositor. Después de casi diez años de trabajo, "La Cosa Perdida" fue terminada en abril de 2010 y se estrenó en el Annecy Film Festival en Francia, en junio del mismo año. Acá se puede ver un documental de cinco minutos acerca de la producción:



Además del Óscar, "la Cosa Perdida" ha sido galardonada en diversos festivales, como el ANIMACOR 2010 de España, el Austin Film Festival y el Chicago International Childrens Film Festival en los Estados Unidos. En total son como veinte premios y seguimos contando.

Conocí el trabajo de Shaun Tan hace un par de años en la Fiesta del Libro de Medellín y todo fue gracias al antojo de Paula, una amiga mía. Ella es diseñadora gráfica, de las que editan libros y revistas, y es una apasionada por los libros ilustrados. En esta ocasión, el libro que literalmente la trasnochaba era un libro sin palabras. Bueno, sólo el título era en palabras, "Inmigrantes", pero toda la historia era narrada exclusivamente con imágenes. El título original es "The Arrival" (la llegada), pues trata sobre un padre de familia que se aventura solo al otro lado del mar a un país desconocido, donde el idioma, las costumbres e incluso lo más cotidiano le son extraños.

No sólo debo agradecer a Paula, sino también a John, que me contó del antojo de Paula y me animó a conseguir una copia, y luego me consiguió en Bogotá un ejemplar del libro de "La Cosa Perdida".


El libro fue creado mientras Tan estaba realizando la animación de "La Cosa Perdida". Su interacción con artistas de storyboard y editores de la industria del cine fue determinante para la narrativa en imágenes que logra en "Inmigrantes". Además de sus propias vivencias en viajes por todo el mundo y la historia de sus padres, inmigrantes chinos en el sur de Australia, diversas imágenes le sirvieron de inspiración: El Nueva York de 1900, las fotografías de la Isla de Ellis, la Estatua de la Libertad, escenas callejeras de ciudades europeas, asiáticas o del medio oriente, animales, plantas, interiores de apartamentos, fotografías de gente en sus actividades cotidianas.

Shaun Tan es un excelente dibujante , como puede verse en todas y cada una de las páginas de "Inmigrantes", cuyos originales fueron realizados en lápiz sobre papel. "Inmigrantes" fue uno de los diez mejores libros ilustrados del 2007, según el New York Times. Tambien fue nominado a los premios Hugo en 2008, como Mejor Libro Relacionado, al igual que su autor, como Mejor Artista Profesional.


Por su parte, se puede conseguir el DVD con el cortometraje de "La Cosa Perdida" directamente con Madman Entertainment, Passion Pictures Australia. Los extras incluyen escenas eliminadas, bocetos y artes de preproducción, comentarios y entrevista con los creadores. El paquete trae de regalo un librito llamado "What Miscellaneous Abnormality is That?", con bocetos originales de las criaturas que aparecen en la película.