CIENCIA FICCIÓN
SCIENCE FICTION

domingo, 14 de abril de 2013

Cerbo un Vitra ujo

Mary Robinette Kowal es una escritora que transita con destreza tanto en la Fantasía como en la Ciencia Ficción.

A principios de este mes descubrí un cuento suyo llamado "Cerbo un Vitra ujo", un relato marcado con las advertencias "Para mayores de 17", "Erótica", "NO PARA NIÑOS". Las advertencias vienen al caso, no tanto porque haya sexo (más en el terreno de la violación que en el de una relación consensual) sino porque es una historia de terror no recomendable para lectores impresionables.

Lo que me sorprendió profundamente y me llevo a hacer esta corta reseña es un terrible caso de evolución convergente, como eso que cuentan los científicos que sucedió con el ojo, que fue producido por la evolución en diferentes momentos y en distintas ramas evolutivas, pero llegando a una estructura tan parecida en Pulpos y vertebrados que pareciera increible que no tuvieran un origen común.

El caso es que "Cerbo un Vitra ujo", un relato inicialmente publicado en 2006 ocurre casi que en el mismo universo de mi primer relato publicado (2010), tanto es así que mi muy querida "Nuestra Señora de los Donores" podría ser considerada como Fan Fiction por algún lector desprevenido. Nunca he dicho que la idea para el valle de los donores se me ocurrió del aire, tengo una clara inspiración en "Never Let Me Go" de Katzuo Ishiguro y en "La Virgen de los Sicarios" de Fernando González, pero las coincidencias con "Cerbo un Vitra ujo" son asombrosas a falta de otro calificativo.

Juzguen ustedes mismos. Lean ambos relatos y me comentan su impresión al respecto: "Cerbo un Vitra ujo" puede leerse y escucharse en EscapePod y "Nuestra Señora de los Donores" en la revista Axxón o en este mismo blog, donde la publiqué por partes.

Para los lectores curiosos, hice la averiguación con el gran oráculo... con Google. "Cerbo un Vitra ujo" es Esperanto y significa algo así como "Cerebro sin Envase de Vidrio". Así que en lugar de Ex-Votos tenemos un caso de Ex-Vitro.



viernes, 20 de julio de 2012

Todo el Verano en un Día

El 5 de junio de 2012 murió el escritor Ray Bradbury a los 91 años de edad, después de una larga enfermedad. Ese mismo día, pasadas las cinco de la tarde, yo trataba torpemente de observar un fenómeno astronómico que no se repetiría en más de cien años: el tránsito de Venus directamente entre el sol y la tierra.

Un par de días después, Dixon Acosta nos compartió su artículo "El Eclipse Bradbury",  en el que hizo la conexión entre los dos eventos. "Ahora sé que lo visto el 5 de junio de 2012 no era Venus atravesando el telón del Sol," comenta Dixon, "era Ray Bradbury convertido en punto, un trovador del futuro en tránsito a la eternidad."

Recordé entonces que el autor de "Crónicas Marcianas" también había escrito un cuento sobre Venus que tiene mucho que ver con lo espaciados que son los tránsitos de este planeta frente al sol. En la imaginación de Bradbury, Venus es un planeta cubierto de una jungla tropical espesa donde llueve continuamente y el cielo siempre permanece nublado. La vegetación es gris y descolorida porque nunca se expone a los rayos del sol. Bueno, a veces sale el sol. Pero esto es un fenómeno excepcional que sucede una vez cada siete años y dura apenas una hora.

"Todo el Verano en un día", publicado en 1954, es la historia de Margot, una niña de la tierra que a los cuatro años de edad llegó con sus papás a vivir en Venus. Margot es una niña triste y retraída, no juega con los otros niños, no canta sus canciones, lo único que la alegra es el recuerdo del sol. Por ser tan introvertida, no es muy popular entre sus compañeros. Ellos la envidian porque no saben cómo es el sol, ellos nacieron en ese lugar nublado y lluvioso y estaban muy pequeñitos la última vez que se pudo ver.

Margot tiene nueve años de edad cuando llega por fin el día, según el cálculo de los científicos, en que se despejará el cielo y podrán ver el sol. Pero los compañeritos de Margot le juegan una mala pasada y la encierran en un closet justo antes de que la profesora venga a llevarlos afuera.

"¿Listos, niños?" dice ella mirando el reloj.

"¡Sí!" dicen todos.

"¿Estamos todos?"

"¡Sí!"

Por fin cesa la lluvia y el sol brilla en un cielo azul sin nubes. Los niños corren, se quitan las chaquetas y sienten el calor en sus brazos y en sus mejillas. Saltan, se empujan, caen y se ríen. Hasta que cae la primera gota de lluvia y todos regresan al refugio subterráneo. Afuera ya está oscuro de nuevo y los truenos compiten con el ruido del eterno aguacero.

Y sólo entonces se acuerdan de Margot, que todavía está encerrada en el closet.

Siete años.


Ciento cinco años.

La fotografía fue tomada al tránsito de Venus en 1882. Pero no es de la última vez que sucedió antes del pasado cinco de junio. Por la relación entre las órbitas de Venus y la Tierra, cada ciento y tantos años se da el eclipse en dos ocasiones espaciadas entre sí por ocho años. De manera que la última vez había sido en 2004, pero yo no recuerdo que al asunto se le hubiera dado tanta mención en los medios como sucedió este año.

La próxima vez será en el año 2117, y luego en 2125. En cualquier caso, es bien poco probable que yo esté todavía por ahí para verlo. Así que mi última oportunidad fue el cinco de junio de 2012.

La semana había sido particularmente soleada, cielo despejado y nada de lluvia. Un mes antes había bajado la aplicación de la NASA que predecía con exactitud de segundos el inicio del fenómeno en la latitud y longitud en la que me encontrara.

Confieso, sin embargo, que no le invertí mayor cosa a la preparación, no me conseguí el vidrio de soldadura ni cosa por el estilo. Mi mecanismo fue lo más simple posible: una hoja de papel perforada por la punta de un lapicero a falta de un alfiler. De esa manera, en la sombra proyectada en la pared puede verse el círculo perfecto del sol o una media luna cuando se trata de un eclipse de los normales.

El lugar donde yo me encontraba tiene amplios ventanales hacia el poniente, sin edificios que tapen la vista del horizonte, así que sería un lugar privilegiado para observar el puntito oscuro dentro de la bolita de luz. Pero casi a las cinco comenzaron a aparecer las nubes, justo en el occidente, difuminando la imagen del sol, como diciéndome "acá está pero no puedes verlo".

Y así estuvo, nublado, casi hasta la puesta del sol. De repente, se despejaron las nubes lo suficiente para dejar ver el sol. Saqué mi hojita perforada y busqué una pared donde proyectar la sombra.

Pero no contaba con que ese sitio tenía cortinas automáticas. ¡Claro! Era un establecimiento comercial y la luz directa del poniente fastidiaba a la clientela. Las cortinas bajaron y yo me quedé ahí, con una hojita blanca al lado de una pared.

Si alguien se dio cuenta, pensarían que estaba loco.




sábado, 23 de abril de 2011

Un Desacierto en los Óscares

Cuando se desvaneció la última fotografía en blanco y negro y la voz de Celine Dion se calló, yo quedé con un vació. Un injusto olvido había dejado fuera de la lista de homenajeados de este año a un creador que mucho tenía que ver, al menos indirectamente, con esta octogésimo tercera versión de los premios de la Academia.

Me refiero a Satoshi Kon, director de cine y realizador de algunas de las más originales películas de dibujos animados del cine japonés.

Lo primero que conocí de Satoshi Kon fue su participación como guionista en un corto llamado “La Rosa Magnética”, 1995, una parte de la trilogía “Memorias” que vi una noche en la época en que Cinemax todavía pasaba buen cine. En ese entonces yo no tenía la menor idea de quién era Satoshi Kon y lo único que había visto de animación japonesa era “El Viaje de Chihiro” de Hayao Miyasaki. En “La Rosa Magnética”, astronautas chatarreros encuentran una estación espacial abandonada, rodeada de los restos de multitud de naves espaciales. La estación espacial está habitada por el fantasma de una cantante de ópera llamada Eva, que se dedica a seducir a incautos viajeros espaciales. Es imposible no ver a Eva sin evocar a la Lady 3Jane del “Neuromante” de William Gibson.

Acá se puede ver el trailer de “Memorias”.



“Perfect Blue”, 1997, es el primer largometraje animado de Satoshi Kon. Un thriller sicológico que cuenta la historia de Mima Kirigoe, cantante principal del grupo pop “CHAM!”, que decide dejar la música para dedicarse a la actuación. Cómo se iba a imaginar Mima que su decisión la iba a despeñar por un abismo donde la realidad y la ficción se confunden peligrosamente y su imagen en el espejo puede llegar a convertirse en su peor enemiga. Esta película es un claro ejemplo del estilo oscuro y retorcido de Satoshi Kon, que para algunos encarna la versión cinematográfica del Slipstream.

Darren Aronofsky, director conocido por “Réquiem por un Sueño”, y este año por “El Cisne Negro”, compró los derechos de la película en Estados Unidos. De una fuente experta (Jaime Valero en Zonafandon) me entero que el objetivo era filmar la escena del baño con Jennifer Connolly en “Réquiem por un Sueño”, pero a mi juicio la relación de Aronofsky con esta película no se limitó a esto. “El Cisne Negro”, que le valió a Natalie Portman el Oscar a mejor actriz y a Aronofsky la nominación como mejor director y también por la mejor película en este año, tiene muchísimos elementos en común con “Perfect Blue”, esa manera como nosotros los espectadores resultamos tan confundidos como la protagonista por el límite impreciso entre lo que es real y lo que es imaginado, la disociación de la personalidad, la paleta de colores, y el ambiente agobiante... me atrevería incluso a decir que algunas de las escenas son prácticamente idénticas toma por toma.

No digo que “El Cisne Negro” sea una imitación o un plagio. Se trata de un sincero homenaje de un artista a la obra de uno de sus colegas. Aronofsky juega y recombina los ingredientes de “Perfect Blue” con otros muchos de su propia cosecha para lograr una creación original que comparte con su inspiración la misma fuerza emotiva y brutal impacto sicológico.

Imágenes de “Perfect Blue” pueden verse acá:



Pero la obra más conocida de Satoshi Kon es “Paprika”, 2006, sobre una siquiatra que usa una tecnología que le permite al terapista introducirse en los sueños de otras personas. Algunos opinan que Christopher Nolan se inspiró en “Paprika” para su película “El Origen” (“Inception”, 2010), nominada a ocho premios de la Academia y ganadora de cuatro de ellos.

Actualmente está en producción una versión de “Paprika” con actores reales, bajo la dirección de Wolfgang Petersen, el director de “La Historia Interminable” y “Enemigo Mío”. Acá pueden ver un trailer de “Paprika”:



Otras de sus creaciones son “Millennium Actress”, 2001, un documental onírico sobre la vida y obra de una famosa actriz japonesa, que recorre varios siglos de la historia del Japón; “The Tokyo Godfathers”, 2003, su única película de corte no fantástico; y la serie animada “Paranoia Agent”, 2004.

Trailer de “Millennium Actress”



Trailer de “Tokyo Godfathers”



Trailer de “Paranoia Agent”



Satoshi Kon murió el 24 de agosto de 2010, sin haber cumplido todavía los 47 años de edad y dejando inconclusa su última película, “La Máquina de los Sueños”, una historia cuyos protagonistas son todos robots. En mayo le habían diagnosticado cáncer del páncreas y pronosticado un máximo de seis meses de vida, seis meses que no alcanzaron a cumplirse. Poco antes de su muerte, Kon dejó un mensaje de despedida en su blog. No tengo la menor idea de japonés, pero gracias a la Wikipedia, pude encontrar una traducción al inglés que me llevó a una versión en castellano. Realmente vale la pena leerla.

Fue su decisión no hacer pública su enfermedad. Por este motivo, la noticia de su muerte fue una enorme sorpresa para su público y seguidores. Murió según su deseo en su propia casa, en compañía de su esposa, después de haberse despedido de sus padres y de sus más cercanos amigos.

Como si hubiera un fantasma conmigo en esta habitación, un ligero estremecimiento me hace mirar por encima del hombro. Este próximo junio cumplo los 46 años de edad y, a decir verdad, todavía no he hecho ni el uno por ciento de lo que vine a hacer a este mundo. Cruzo los dedos por una parca más generosa que la que le tocó a Satoshi Kon.

miércoles, 6 de abril de 2011

De la Lluvia, el Rio y Otros Nombres del Agua

Hala es una estudiante de tercer años de ingeniería. Un día, llegando tarde a una de sus clases de matemáticas, recibe una extraña llamada en su celular. Es un número desconocido y nadie habla del otro lado de la línea. Solo se escucha un sonido, como el que hace la concha vacía de un caracol cuando uno la acerca al oído.

Hala se olvida por un momento de su clase de matemáticas, de las variables complejas y de los exámenes finales. Afuera llueve. Por alguna mágica razón, Hala sabe que lo que escucha en su celular es el sonido del agua, las olas quebrando en una playa, tal vez un océano. Nadie le habla, nadie respira en el teléfono porque es el agua misma la que la ha llamado.

A Hala se le ocurre que si llama al agua por su nombre verdadero, esta le dirá algo más que este leve rumor. "Océano Pacífico", dice ella, comenzando su intento de solución al acertijo...

Este es el comienzo de "Los Nombres del Agua", un cuento de Kij Johnson incluido en la colección "The Best Science Fiction and Fantasy of the Year, Volume Five", editado por Jonathan Strahan.

También tengo entendido que "Los Nombres del Agua" es uno de los cuentos incluidos en la antología de Kij Johnson, "Chicas Míticas", que Proyecto Líquido lanzará este viernes, 8 de abril, a las 8 de la noche en el Orquideorama, cuatro años después de su debut editorial con "Agua/Cero".

Sí, Kij Johnson ya está en Medellín y va a estar en el lanzamiento de su libro como parte de su participación en Fractal'11. Hernán Ortiz y Viviana Trujillo lo han logrado una vez más.

Mientras tanto, en el Museo de Antioquia, el artista antioqueño Luis Fernando Peláez tiene una exposición con uno de los nombres del agua: "El Río". Él es uno de los artistas contemporáneos más importantes de nuestro país, en 1980 compartió con Doris Salcedo el primer puesto en el Salón Nacional de Artistas.

"El Río" es un par de grandes instalaciones que ocupan completamente las dos salas temporales del museo y varias obras de menor formato. Enormes canoas talladas artesanalmente en troncos de árboles ocupan el espacio como si hubieran encallado tras la inundación que trajo La Niña el año pasado a tantos municipios de Colombia.

Están anegadas. El agua, paradójicamente, no está fuera de ellas sino en su interior, y aquí y allá, uno que otro sobreviviente de la tragedia espera paciente a que bajen las aguas: un perro, una vaca, una casa o los restos de una casa.
“De vidrio y niebla era el recuerdo de la casa. El rastro de sus calles blancas se mezclaba con las herrumbres y todo era tiempo sumergido en la morada. Al sur.
Allí penetraban las aguas y todo parecía volverse humedad, los tonos oscuros anunciaron la noche en que disueltos los azules, apareció una luz macilenta sobre los techos que luego dejaron caer sus despojos color malva. La casa se disolvía como el último y frágil trozo de la infancia para volverse un objeto a la deriva, sin peso, sin sombra. Eran las lluvias de mis trece años; de aquellos días, de aquel puerto, regresan estas líneas fugaces...”.
Luis Fernando Peláez

Otras instalaciones, de pequeño formato, muestran diminutos personajes enfrentados a enormes paisajes desolados, el océano, la niebla, un cielo negro y nublado antes de la tormenta.

El agua en sus múltiples estados (lluvia, río, niebla, mar) ha ejercido una fascinación permanente sobre Luis Fernando Peláez. Él ya había tenido una exposición individual en el mismo museo en 1996, cuando este todavía estaba ubicado en la antigua sede, que hoy es la casa del encuentro. En esa ocasión la muestra también tuvo uno de los nombres del agua: "Lluvia".

Pero el agua como referente no es para Peláez un fin en sí mismo, sino una metáfora para hablar de la historia y del paso del tiempo. "Por un lado está el tiempo natural, que es el de la lluvia, el que comporta el agua, el que está presente en los ciclos de la naturaleza. A partir de ese tiempo natural sucede, aparece o se deriva el tiempo histórico. Pero más allá de ese aspecto histórico está el de la evocación, que sucede a través y para el espectador, y es allí donde el observador interpreta o completa su propia versión".

Porque el agua, y así mismo el tiempo, es evocación. Son las memorias que estas imágenes despiertan en cada uno de los espectadores. Memorias personales, íntimas, únicas. Como la evocación de los nombres del agua que Hana intenta en el cuento de Kij Johnson, memorias de un pasado frágil que ya no existe, o tal vez de un futuro que está aún por venir.

***

lunes, 28 de marzo de 2011

Un Acierto en los Óscares

El pasado 27 de febrero fue la ceremonia de los premios de la Academía, versión ochenta y tres. Mi momento favorito de la noche fue cuando anunciaron el premio al mejor corto animado, "La Cosa Perdida", del artista australiano Shaun Tan.

"La Cosa Perdida" es una historia sencilla. Un hombre joven se encuentra un día en la playa una cosa perdida. Una cosa enorme, como una gigantesca cafetera roja, con mecanismos y puertecitas, con tentáculos y un par de brazos como de mantis religiosa, con campanitas en los extremos. Sin embargo, nadie más parece enterarse de su existencia. Pese a su extraño aspecto, La cosa perdida tiene la personalidad de un perrito, juguetona y curiosa, y se gana la simpatía del muchacho, quien se pone en la tarea de buscarle su lugar en el mundo. Bueno, pueden verla completa acá (mientras no la retiren por derechos de autor):


Cortometraje "La Cosa Perdida", 2010.



Es un cuento con unos cuantos seres extraños y maravillosos que viven en los intersticios de una ciudad gris y cuadriculada, llena de chimeneas botando humo, enormes edificios sin ventanas y tuberías oxidadas por todos lados. Es un mundo extremadamente burocratizado donde todo tiene un sitio (excepto las cosas perdidas).

Si el video completo ya no está disponible, acá pueden ver el trailer.





Shaun Tan lleva a la pantalla su libro ilustrado con una fidelidad asombrosa. Aunque utiliza CGI y modelación 3D, todas las texturas son originalmente meticulosamente dibujadas a lápiz, pintadas por él en óleo o acrílico, o fabricadas mediante collage de gráficos de máquinas y tablas técnicas, con lo que logra el ambiente futurista sombrío de una ciudad distópica al estilo de 1984, donde resaltan por contraste los vivos colores de las anómalas cosas perdidas. Así, Shaun Tan logra lo que Pepe García Oliva describió en Rincón Literario como personajes de El Bosco en espacios concebidos por Edward Tufte o alguna pintura de Hopper. A mi parecer hay mucho más de Hopper que de Tufte en esos espacios.

Shaun Tan fue director, escritor, diseñador y artista en este proyecto que contó con un equipo de entusiastas colaboradores, como Andrew Ruhemann, codirector; Tim Minchin, locutor; Tom Bryant y Leo Baker, animadores; y Michael Yezerski, compositor. Después de casi diez años de trabajo, "La Cosa Perdida" fue terminada en abril de 2010 y se estrenó en el Annecy Film Festival en Francia, en junio del mismo año. Acá se puede ver un documental de cinco minutos acerca de la producción:



Además del Óscar, "la Cosa Perdida" ha sido galardonada en diversos festivales, como el ANIMACOR 2010 de España, el Austin Film Festival y el Chicago International Childrens Film Festival en los Estados Unidos. En total son como veinte premios y seguimos contando.

Conocí el trabajo de Shaun Tan hace un par de años en la Fiesta del Libro de Medellín y todo fue gracias al antojo de Paula, una amiga mía. Ella es diseñadora gráfica, de las que editan libros y revistas, y es una apasionada por los libros ilustrados. En esta ocasión, el libro que literalmente la trasnochaba era un libro sin palabras. Bueno, sólo el título era en palabras, "Inmigrantes", pero toda la historia era narrada exclusivamente con imágenes. El título original es "The Arrival" (la llegada), pues trata sobre un padre de familia que se aventura solo al otro lado del mar a un país desconocido, donde el idioma, las costumbres e incluso lo más cotidiano le son extraños.

No sólo debo agradecer a Paula, sino también a John, que me contó del antojo de Paula y me animó a conseguir una copia, y luego me consiguió en Bogotá un ejemplar del libro de "La Cosa Perdida".


El libro fue creado mientras Tan estaba realizando la animación de "La Cosa Perdida". Su interacción con artistas de storyboard y editores de la industria del cine fue determinante para la narrativa en imágenes que logra en "Inmigrantes". Además de sus propias vivencias en viajes por todo el mundo y la historia de sus padres, inmigrantes chinos en el sur de Australia, diversas imágenes le sirvieron de inspiración: El Nueva York de 1900, las fotografías de la Isla de Ellis, la Estatua de la Libertad, escenas callejeras de ciudades europeas, asiáticas o del medio oriente, animales, plantas, interiores de apartamentos, fotografías de gente en sus actividades cotidianas.

Shaun Tan es un excelente dibujante , como puede verse en todas y cada una de las páginas de "Inmigrantes", cuyos originales fueron realizados en lápiz sobre papel. "Inmigrantes" fue uno de los diez mejores libros ilustrados del 2007, según el New York Times. Tambien fue nominado a los premios Hugo en 2008, como Mejor Libro Relacionado, al igual que su autor, como Mejor Artista Profesional.


Por su parte, se puede conseguir el DVD con el cortometraje de "La Cosa Perdida" directamente con Madman Entertainment, Passion Pictures Australia. Los extras incluyen escenas eliminadas, bocetos y artes de preproducción, comentarios y entrevista con los creadores. El paquete trae de regalo un librito llamado "What Miscellaneous Abnormality is That?", con bocetos originales de las criaturas que aparecen en la película.

sábado, 15 de enero de 2011

Abril 8 y 9 en Medellín: Fractal 11

Ya lo tengo agendado. Por tercera vez, en el Orquideorama del jardín botánico de Medellín, nos reuniremos para hablar de ficción, arte, ciencia y tecnología.

La Corporación Fractal nos trae cuatro invitados internacionales y esta vez las mujeres ganan por mayoría:

Johanna Blakley, investigadora de arte, entretenimiento y medios. La primera vez que supe de ella fue a través de las conferencias de TED.com en la web.

Ella habló en abril de 2010 en TEDxUSC sobre cómo el estricto mundo de copyrights de películas, música y libros puede aprender de la industria de la moda, donde toda nueva creación es una inspiración o un homenaje a la creación de otro artista. Conviven la creatividad, la innovación y los negocios en una cultura compartida.

Amber Case, cyborg antropóloga. Investigadora de cómo está afectando nuestra evolución la interacción entre nosotros y nuestras máquinas: teléfonos celulares, computadores personales, ipods, todo un arsenal de herramientas que ya nuestros cerebros han incorporado como una extensión de nuestros propios organismos.

Cada día dependemos más y más de estas extensiones para comunicarnos, recordar e incluso vivir vidas secundarias. ¿Nos ha conquistado la tecnología y nos ha hecho sus esclavos? Amber nos propone otra interpretación más optimista: Sólo se trata de humanos comunicándose entre sí, sólo que de nuevas maneras que trascienden la geografía. Paradójicamente, la cibernética nos está haciendo más humanos.

Kij Johnson, escritora de ciencia ficción y fantasía, ganadora del premio Nébula en 2010 por su cuento "Spar" y del premio World Fantasy em 2009 por su cuento "26 Monkeys, Also the Abyss" y del premio Theodore Sturgeon Memorial en 1994 por su novela corta "Fox Magic". Es una escritora atrevida que no le teme a explorar los laberintos del alma humana para traernos nuevas maneras de ver los temas más cotidianos.

La conocí a través de John Kessel, uno de los escritores invitados a Fractal 2009. En ese mismo año John y Kij fueron asesores internacionales del primer taller de escritura líquida, en el que tuve la oportunidad de participar. Kij iba a venir para Fractal 2010 pero una fractura de tobillo mientras escalaba la obligó a cambiar sus planes. Confiamos que ahora sí, en 2011 tendremos la oportunidad de desquitarnos.

La cuota masculina nos la brinda James Alliban, especialista en realidad aumentada, es uno de los investigadores que está construyendo nuestro futuro inmediato, donde convivirán las imágenes virtuales del ciberespacio con eso que todavía llamamos "La Realidad". Él fue quien creó el juego interactivo que sirvió para la promoción de Fractal 2010.

James también nos iba a acompañar en 2010 pero en lugar de un tobillo roto lo que se interpuso en su camino fue la erupción de un volcán de nombre impronunciable en Islandia que paralizó el tráfico aéreo de Europa, precisamente en la semana que James iba a viajar de Inglaterra a Colombia.

Cruzamos los dedos para que este año todas las cosas sí salgan como las tienen planeadas Hernán y Vivi.

jueves, 6 de enero de 2011

Wikileaks y un Tipo muy Particular de Máquina del Tiempo

En un artículo reciente de io9 se afirmaba que una novela de 1975 había predicho la controversia actual con Wikileaks.
“Shockwave Rider” de John Brunner cuenta la historia de Nickie Halinger, una especie de niño genio informático que ha escapado de una institución del gobierno, donde ha sido entrenado en las ciencias de la computación. Al parecer Nickie se alía con un grupo de jóvenes hackers idealistas para poner a la luz pública todos los secretos del gobierno norteamericano y atrae sobre sí todo tipo de ataques y acusaciones de antipatriotismo.
A decir verdad, podría afirmarse que la gran mayoría de las obras del género ciberpunk predijeron a Wikileaks, pobladas con pandillas de antihéroes anárquicos enfrentados a súper poderosos gobiernos y maquiavélicas megacorporaciones.
Sin embargo, “Shockwave Rider” parece ser una obra pionera del género. Recordemos que “Neuromancer” de William Gibson fue publicada en 1984 y “True Names” de Vernor Vinge en 1981, mientras que “Shockwave Rider” lo fue en 1975, un año antes de la primera computadora Apple y del primer disco floppy.

En mi opinión no hay que ser tan específicos para entender que la ciencia ficción desde hace un buen tiempo nos viene hablando de este fenómeno que llamamos Wikileaks, pero en su concepción más amplia, en su meta última de lograr la total transparencia: que toda la información sin excepciones se encuentre al alcance de todo el que quiera conocerla.
Me refiero a las historias de ciencia ficción que hablan de la máquina del tiempo, pero a un tipo muy particular de máquina del tiempo.
El cronoscopio es un artefacto ficticio que permite observar directamente los acontecimientos en cualquier lugar y en cualquier momento de la historia. En la Wikipedia lo denominan “Time-viewer”, para no confundirlo con un artefacto real del mismo nombre inventado por Charles Wheatstone en 1840 que permitía medir intervalos de tiempo pequeñísimos en comparación con un reloj tradicional.
Este artefacto imaginario permite a los autores preguntarse ¿qué pasaría si alguna persona (o todas las personas) puede presenciar de primera mano cualquier acontecimiento del pasado? ¿Cuáles serían las consecuencias de esto para la sociedad?
No voy a referirme acá a historias en las cuales, además de ver el pasado es posible ver el futuro, como en una bola de cristal, pues esto plantea preguntas filosóficas de mayor calibre como ¿existe el libre albedrío? Tampoco voy a hablar de historias en las que además de ver el pasado es posible viajar hasta allá, pues entonces surgen preguntas como ¿es posible cambiar el pasado? ¿Qué pasa si mato a mi propio abuelo? Cuestiones que eclipsarían nuestra pregunta original.

La novela “Light of Other Days”, 2000, fue una colaboración de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter. Mediante la manipulación cuántica es posible estabilizar agujeros de gusano conectando cualquier par de puntos y a través de ellos observar lo que está ocurriendo en otra parte del mundo. Es posible observar a cualquiera en sus momentos privados, escondidos, incluso los más íntimos. La nueva tecnología desaparece para siempre la privacidad.
Luego la misma tecnología resulta ser capaz de mostrarnos momentos atrás en el tiempo. Nada puede preparar a la sociedad para lo que se desencadena, el descubrimiento en masa de la verdad en los miles de años de historia.
 Los gobiernos se derrumban, las religiones caen, los cimientos de la sociedad humana se sacuden. Recuerdo que el espacio tiempo se torna poroso por la infinidad de agujeros de gusano que se enfocan para observar la escena de la muerte de Cristo.
La visión de Clarke y Baxter es optimista. Las reglas de juego de toda interacción humana cambian fundamentalmente, pues todos y cada uno se saben observables en cualquier momento y lugar, incluso los más poderosos.
Recuerdo también el surgimiento de una nueva forma de humanidad, cuando deciden conectar los cerebros directamente mediante esta tecnología y se transforman en una mente colectiva, capaz de enfrentar los problemas más complejos, incluso capaz de evitar la extinción de toda forma de vida en la tierra por causa de una catástrofe astronómica.

En el cuento “Nieve”, 1985, de John Crowley, el cronoscopio es un artefacto absolutamente personal. Un dispositivo de vigilancia del tamaño y apariencia de una avispa, que acompaña continuamente a una persona y graba fielmente todas las escenas de su vida. A su muerte todos estos recuerdos estarían almacenados y a disposición de sus deudos para ser accedidos en un panteón destinado a tal efecto en el cementerio.
Aunque es más una reflexión sobre la memoria humana, incluyo “Nieve” en esta lista por un artículo publicado hace poco acerca de la privacidad en la internet. John D. Sutter, de CNN se pregunta si la internet se está convirtiendo en un repositorio global del flujo de nuestra conciencia y si existe hoy algo que pueda seguir siendo absolutamente privado. Nos presenta un panorama en el cual cada vez más y más personas están registrando continuamente sus acciones, hábitos y preferencias en las redes sociales, incluso su ubicación física momento a momento.
Más de 500 millones de personas usan Facebook con un promedio de 90 nuevos “contenidos” al mes. En Twitter nos enteramos hasta del menor suspiro y existe Foursquare que registra continuamente la localización de sus participantes mediante GPS. También está Blippy, que publica cada una de las compras realizadas con las tarjetas de crédito. A este ritmo, no vamos a necesitar un Wikileaks si la gente sigue publicando su vida voluntariamente en la red.
Acá en Colombia creo que estamos muy lejos de entregarnos de esta manera a la vista pública, sería como colgarnos un letrero diciendo “Ladrones roben aquí” o “Secuéstrenme a mí”. Aunque pensándolo un poco, recuerdo los cientos de familias que decoran sus automóviles con pegatinas de papá, mamá, cada uno de los niños y hasta el perro y el gato, y más de un aviso con “Valentina a bordo”. No estamos tan lejos de ese primer mundo tan ingenuo.
Según Sutter, los avances tecnológicos han cambiado fundamentalmente nuestras interacciones sociales, hasta el punto en que algunos analistas advierten que la gente ha perdido el control de sus propias identidades en la red. A principios de 2010, un sitio llamado “PleaseRobMe.com” recolectaba las publicaciones en Twitter y Foursquare que indicaban que las personas estaban fuera de casa. Esta información, en teoría, podría ayudar a los ladrones a identificar el mejor momento para entrar a su casa o apartamento a robar.
Esto es más relevante sobre todo para las nuevas generaciones, para quienes su vida social prácticamente transcurre en línea. No tener Facebook o Twitter hoy es como no tener teléfono o no ir a las fiestas, es aislarse de su red social. No es una opción para la mayoría de los jóvenes.
Muchos afirman por todo esto que la vida privada es un concepto en vía de extinción y que debemos prepararnos para un mundo en el que cada una de nuestras actividades queda registrada para siempre en la red. ¿Deberíamos actuar como si en todo momento estuviéramos siendo observados?

De Damon Knight es el cuento “I See You”, 1976. Se trata realmente de dos narraciones alternadas; la historia de inventor del visor universal, al que llama Ozo, escrita en tercera persona; la otra escrita en segunda persona, tiempo presente, la vida de una mujer desde cuando es una niña en un mundo futuro muy diferente al nuestro. Un mundo en el que no existe la intimidad y les asombra la ingenuidad de sus ancestros respecto a la desnudez y las funciones corporales. ¿Por qué decían los niños “pipí” y “popó” y se reían? ¿Por qué había tabús sobre ciertas funciones corporales? ¿Por qué era peor defecar que estornudar?
Es un mundo en paz, sin crímenes. No hay lugares secretos, en el futuro alguien está observando y a éste alguien lo está observando, y así sucesivamente, de manera indefinida.

La novela de Clarke y Baxter fue dedicada al escritor Bob Shaw. Él es el autor de la novela “Otros días, otros ojos” de 1972, en la cual la tecnología es una especie de cristal lento, un material a través del cual la luz tarda un minuto, un día, un año, diez años en pasar de un lado al otro. Cristales de estos con un retardo de doce horas remplazan la iluminación eléctrica de exteriores. Es un mundo donde el espionaje puede realizarse mediante diminutas partículas de cristal y las salas en las que van a tener lugar reuniones secretas deben ser recubiertas por una gruesa capa de pintura apenas minutos antes de la reunión. Un juez se suicida ante la evidencia, sepultada diez años dentro de un cristal lento, que puede demostrar que ha condenado a muerte a un inocente.
Este no es un mundo tan utópico como los de las otras dos obras. Hay personas que deciden no volver a ver el mundo más que a través de lentes de contacto de cristal lento que sólo han sido expuestos a escenas agradables. Como hoy algunos se evaden a los mundos virtuales de los videojuegos.
La tecnología del cristal lento, por cierto, no está muy lejos de la realidad. Investigadores de UC Santa Cruz trabajando para la agencia estadounidense DARPA han desarrollado un dispositivo óptico capaz de modificar la velocidad de la luz en su interior. Un rayo láser variable crea efectos de interferencia cuántica que modifican el índice de refracción en su interior.

Y nos vamos hasta 1956 con el cuento “El Pasado Muerto” de Isaac Asimov, tal vez la obra más conocida sobre este tema. En un futuro en el que toda investigación es controlada y planeada en forma centralizada por el gobierno, la cronoscopia no es una excepción. Por el contrario, el uso de la tecnología es estrictamente racionado y toda investigación, incluso el estudio de la materia se encuentra vedado. Un historiador frustrado por las continuas negativas alienta a un físico a investigar el tema, en la clandestinidad. Lo que el gobierno teme es que la proliferación indiscriminada de cronoscopio pueda llevar a destruir la noción misma de privacidad.
“Al principio, la gente se limitaría a contemplar su juventud, la de sus padres, y así sucesivamente, pero no pasaría mucho tiempo sin que captase todas sus posibilidades. El ama de casa olvidaría a su pobre madre fallecida y se pondría a observar a su marido en la oficina. El comerciante y el negociante vigilarían a sus competidores, y el patrón a sus empleados. No existiría ya nada privado. Las tertulias y el espionaje tras las cortinas no serían nada en comparación con esto. En todo momento habría alguien contemplando y vigilando a las estrellas del espectáculo. No habría manera de escapar al acecho.”
“El Pasado Muerto”, 1956, Isaac Asimov. Traducción de Francisco Blanco.

A propósito, este esquema de investigación centralizada del que nos habla Asimov parece haber llevado a un retraso de 60 años, al menos en el campo de la telemática (Una historia que conocemos gracias a Tim Wu, autor del libro “The Master Switch, The Rise and Fall of Information Empires”).
A principios de 1934, Clarence Hickman, un ingeniero de Bell Labs, tenía una máquina secreta en su oficina, de unos 1.80 metros de alto. Si alguien llamaba y nadie respondía al teléfono al que estaba conectada, la máquina daría una señal y comenzaría a grabar, permitiendo dejar un mensaje. El invento de Hickman era la grabación en cinta magnética. Los laboratorios Bell eran el área de investigación y desarrollo de AT&T, entonces un monopolio de las telecomunicaciones autorizado por el gobierno americano. A ellos se les debe la demostración de la naturaleza dual onda - partícula de la materia, la invención del transistor, Unix, el lenguaje de programación C, entre muchas otras cosas.
Sin embargo, cualquier invención que pudiera llegar a poner en riesgo los intereses de AT&T corría la misma suerte que el arca de la alianza al final de la película “Cazadores del Arca Perdida”. La invención de Hickman sólo fue descubierta en los años 90s debido a que a él se le prohibió continuar cualquier investigación en almacenamiento magnético y todo fue archivado y suprimido, sólo llegandose a conocer cuando el historiador Mark Clark revisó las notas de Hickman. Eventualmente la cinta magnética llegaría a los Estados Unidos como una importación desde Alemania.
¿La razón? AT&T creía firmemente que la contestadora automática y sus cintas magnéticas llevarían al público a abandonar el uso del teléfono. El solo conocimiento de que era posible grabar una conversación llevaría a una importante restricción del uso del teléfono, con consecuencias catastróficas para el negocio. Según la teoría, los hombres de negocios podrían temer el uso potencial de una conversación grabada para deshacer un contrato escrito. También inhibirían el uso del teléfono para discutir asuntos íntimos o de materia éticamente dudosa.
En otras palabras, la grabación magnética cambiaría estructuralmente la naturaleza de las conversaciones telefónicas de manera que el teléfono resultaría mucho menos satisfactorio o útil en la gran mayoría de sus usos.
Este es precisamente el tipo de impacto social que prevén estas historias de ciencia ficción a raiz de la invención del cronoscopio. Bastante curioso.
El almacenamiento magnético no fue el único caso. La fibra óptica, los teléfonos móbiles, las líneas digitales de subscripción (DSL), las máquinas de fax, entre muchas otras, también cayeron bajo la censura de los laboratorios Bell y AT&T.

El año 1949 trajo una historia que no he tenido oportunidad de leer: “Private Eye” de Henry Kuttner y C. L. Moore. Trata sobre una sociedad donde el cronoscopio hace casi imposible cometer un homicidio sin recibir castigo. Suena un poco en la línea de “Minority Report”, de Philip K. Dick.
También de 1949 es el cuento “El Aleph”, de Jorge Luis Borges. El Aleph es un punto que contiene todos los puntos del universo y quien lo observa puede ver al mismo tiempo y sin distorsión todo lo que existe en la naturaleza. Yo diría que es un pariente lejano del cronoscopio, que sólo sirve para ver el presente. Eso sí, el presente lo muestra de un solo golpe y con lujo de detalles.

De 1947 es “E de Esfuerzo”, una novela corta de T. L. Sherred. En alguna parte leí que es considerada una de las 10 mejores historias de ciencia ficción de todos los tiempos. Acá el cronoscopio es usado por su inventor para realizar películas documentales. Como el aparato funciona incluso hasta el pasado remoto, lo usa para hacer películas de grandes acontecimientos históricos, mostrando con detalle los diálogos de los líderes y cómo se inició cada una de las guerras. La narración de Sherred nos hace sentir lo que sería saber que finalmente tendremos la oportunidad de descubrir la verdad detrás de todas las mentiras que nos han contado y que tal vez finalmente se hará justicia.
Cae el gobierno opresor pero es luego remplazado por otro aún peor que toma el control de la tecnología y destruye todas las copias de las películas. Un régimen todo poderoso que lleva a la humanidad a una guerra nuclear.

La visión de Sherred es la más pesimista de todas las historias que he reseñado. En lugar de un mundo nuevo sin barreras nos encontramos con más de lo mismo. Otro opresor con distinto nombre pero con una nueva arma a su haber.

¿No es esto lo que ha sucedido con Wikileaks en los regímenes dictatoriales? Por ahí leí que en Cuba están traduciendo algunos de los cables que comprometer a los Estados Unidos para divulgarlos al pueblo; otro tanto estará pasando en Venezuela y demás países con gobiernos anti-imperialistas. ¿No hicieron lo mismo los estadounidenses con la información que se filtró de sus enemigos?

Más de lo mismo.